Odebrecht y la clase política de RD

Por Juan López.

Sin lugar a dudas que, al quitar la careta que tapaba  la estructura mafiosa que montó la empresa brasileña Odebrecht para obtener múltiples y sustanciosos contratos en diversos países, se ha convertido en un verdadero tsunami para la clase política de América Latina.

Aunque todavía la Procuraduría General de la República (PGR) se encuentra en la fase de investigación y organización del expediente acusatorio, desde ya se vislumbra que ese  terrible tsunami trascendió  con graves secuelas en la clase política de  la República Dominicana (RD).

Conforme a su lógica y proceder internacional,  la empresa Odebrecht implementó relaciones comerciales en la RD,  mediante fuertes y amplias negociaciones con diversos sectores del empresariado, no sólo con el reconocido lobista Ángel Rondón.  Sin embargo, a la fecha, todavía la PGR no ha entrevistado ni mencionado a un solo de los representantes de las empresas asociadas a Odebrecht en la RD, lo cual es un feo y preocupante indicio.

En otros países latinoamericanos, empezando por el mismo Brasil,  también la clase política ha sido estremecida al identificarse a pasados y actuales funcionarios gubernamentales, legisladores y dirigentes de partidos de todos los colores y tamaños como favorecidos con la política de cohecho que ejecutaba la Odebrecht.  Tampoco se incluyen a los representantes de las empresas asociadas.

Como se observa, todo parece indicar que la clase política latinoamericana pagará con creces a través de cárceles, descréditos y sanciones económicas los “beneficios” que llegaron a obtener por sus  vínculos con la Odebrecht, de los cuales se están exonerando a la clase empresarial que, en cada caso y país, se ufanaba de las ganancias que obtenían de dichas alianzas.

Tanto los partidos políticos (PLD, PRM) que podrían aparecer con  dirigentes incluidos en calidad de “afectados directos” en el expediente de la PGR por los sobornos que delataron los funcionarios presos de la Odebrecht,  como las otras organizaciones políticas del país no mencionadas, están obligados a realizar una profunda reflexión, tipo críticas y autocríticas, con severas sanciones a sus dirigentes que se les compruebe participación y a tomar medidas disciplinarias preventivas que se conviertan en robustos diques contra la corrupción en las diferentes estructuras del Estado dominicano.

Gracias a las modernas tecnologías al servicio de los medios de comunicación  y  redes sociales, la transparencia en las ejecutorias del erario es más que obligatoria a todos los niveles. El pueblo también se está empoderando de sus derechos, cada vez con mayores propósitos, lo cual se convierte en el principal “índice acusador” contra la clase política de la RD.

En el caso específico del PLD, el proceso de críticas, autocríticas y aplicar acciones disciplinarias son más apremiantes por las siguientes razones:

  1. a) El PLD es el partido gobernante desde el 2004. b) Es la mayor organización política de la RD. c) Su gran dimensión y peso específico en el quehacer político se debe a sus postulados éticos y morales heredados del Prof. Juan Bosch, su creador y líder espiritual. d) Es preferible enseñar con el ejemplo más que con las palabras.
  2. d) Por el acertado pronunciamiento-compromiso que hizo el Presidente Medina en su discurso ante el Congreso Nacional y el país, el pasado 27 de febrero. e) Las resoluciones que, al respecto, aprobó el Comité Político, refrendadas por el Comité Central.

También f) Porque la oportuna y adecuación acción del PLD será la garantía para continuar recibiendo el apoyo del pueblo a los fines de seguir dirigiendo los destinos del país por senderos de progresos, respeto a las libertades y derechos humanos, democracia y soberanía. y b) Porque los peledeistas, con palabras y hechos, están obligados a defender la honorabilidad de su  Partido  y del gobierno de las acusaciones que les endilgan falsantes dirigentes de los partidos de oposición que carecen de calidad moral y  política.

Ahora más que nunca se impone la necesidad de fortalecer la unidad partidaria,  desechar las quisquillas grupales, poner en práctica la madurez  política,  la inteligencia emocional, la acción firme y transparente de todos los peledeistas, en especial de los máximos dirigentes,  en una sola dirección y objetivo, porque el futuro del PLD y del país está en sus diestras manos y positiva experiencia política. Por lo tanto, “manos a la obra”. No hay tiempo que perder.

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